Al final, al atardecer,
él y Anita se fueron al pueblo a buscarla a Clara y a hacer unas compras. A dedo.
Yo me quedé repulgando las empanadas y me acordé de esa botella con un resto de agua tónica que habita un estante de la heladera desde hace como un mes. O un poco más. No importa. Por que un día como hoy amerita un gin tonic aunque sea sin gas.
Mientras repulgo relojeo la pileta y escucho el centrifugado del lavarropas. Son casi las ocho y no doy más. Tengo una palangana azul casi llena de un agua oscura, y una sartencita con la que voy vaciando las piletas y llenando la palangana a medida que el lavarropas larga el agua y las llena.
Los caños se taparon al mediodía, justo después de que
él volviera del pueblo sin el auto que el mecánico nos había devuelto un día atrás, porque se volvió a romper. Me las arreglé lo mismo para armar un almuerzo, hacer siete frascos grandes de castañas en almíbar, preparar el relleno de las empanadas, terminar de envasar los primeros ramos de cedrón seco y creo que alguna cosita más, sin mayores inconvenientes. Aclaro que no me quejo por hacer estas cosas. Son parte del trabajo que elegí y amo hacerlas y el inconveniente de la pileta se resolvió provisoriamente de una manera muy fácil: fui lavando los platos y tirando el agua a un jarrito que después vaciaba en las plantas de afuera. Listo.
Estoy convencida de que los caños se taparon porque él y yo nos peleamos. El quería invitar amigos a tomar el té. O a almorzar. O a lo que sea. Mi casa es Kosovo pero en serio. Y mi cansancio se acumula en mis cervicales como si fuera un elefante.
Él derribó la chimenea a martillazos y está construyendo una estufa rusa en el living. Todo está lleno de mugre, barro y polvo de ladrillos. A la perra le vino y como ya no sé que hacer, cubrí, donde la dejo subirse, con trapos enormes y donde no quiero que suba, con sillas, con lo cual nadie se puede sentar en ningún lado hasta que se le pase y lave y acomode todo otra vez. La mesa del comedor está cubierta de ramas de cedrón que estoy envasando. Además, está todo repleto de unos muebles de mi cuñado que tenemos que cuidar pero como no sé donde meter están ahi apilados junto con cajas de cosas que trajeron de lo de mi suegra. La cocina, con castañas. El tejido por ahi, acompañándome a ver si avanzo con los gorros. Y por si no saben les quiero aclarar que pelar castañas es un dolor de ovarios. Más bien de dedos, pero bue.
En fín, hace falta explicar o justificar que no era el día de recibir gente? Yo creo que no.
Para complicarme un poco más el día, mientras escribía las tapas de los frascos con un marcador, me descubrí una araña en el hombro. Grande. Y negra. Y peluda. Y estaba en musculosa, aclaro. Yo; no la araña, no? Se imaginan la peor de sus pesadillas? Bueno, eso. Creo que mis gritos deben seguir retumbando en los tímpanos de todo ser viviente a un kilómetro a la redonda.
Cuando se me pasó un poco el susto decidí terminar de vaciar el canasto de la ropa sucia de una buena vez, y lavar esas cosas de lana que venía esquivando. Camellito, lavado J para lanas, click, listo. Un placer. Hasta que media hora más tarde escuchamos una catarata en la cocina y nos dimos cuenta de que el caño tapado no era el de la pileta si no el de un poco más allá y nos pusimos a levantar el agua con palas, baldes y demases.
Se me ocurre que debe haber un sapo atascado o alguna inmundicia semejante.
Ahora me entienden el gin tonic?
Y mis ganas de quedarme sola un rato?
Y no ver la hora de meterme en la cama, con mis empanadas, mi marido y mis hijas, todos juntitos a ver Notting Hill?
[Todo es barro y mugre y Serafina]
[Ya terminando, por fin]
[Creo que olvidé volver a mencionar esas cajas de libros, papeles, discos, etc que invadieron de pronto mi hogar]
[La aspiradora, de adorno, ponele]
[Comamos cedrón directamente, si?]
[La palangana azul]
[Me pregunto si alguna vez volverá todo a la normalidad]
[Hola, querés venir a tomar unos mates mientras no te puedo dar bola y no te podés sentar?]