No traigo un Yo de repuesto ni Recetas Salvavidas /Solo un Crónico lanzarme al Vacío

jueves, 16 de octubre de 2014

Si Clarissa dice

"He visto a muchas mujeres trabajar largas horas en actividades que despreciaban para poder permitirse el lujo de comprar objetos muy caros para sus casas, sus parejas o sus hijos. A tal fin apartaban a un lado extraordinarias cualidades. He visto a muchas mujeres empeñarse en limpiar toda la casa antes de sentarse a escribir, y tú ya sabes lo que ocurre con las tareas domésticas, que nunca se terminan. Es un método infalible para obstaculizar la creatividad en una mujer.
La mujer tiene que cuidar que una responsabilidad excesiva (o una respetabilidad excesiva) no le roben los necesarios descansos, ritmos y éxtasis creativos. Tiene que plantar firmemente los pies en el suelo y decir que no a la mitad de las cosas que ella cree que "tendría" que hacer. El arte no se puede crear sólo en momentos robados."

                                                                                                                           Clarissa Pinkola Estés

Y  por eso es que en un día cualquiera, y así de improviso, aprovechando que mi tarea del día no requería demasiada concentración, cargué todas las madejas, las agujas, tijeras y demases en mi canasta y me fui a compartir una tarde de trabajo en lo de mi amiga. Porque aunque sea ovillando, las ideas fluyen. La creatividad surge y se multiplica. Las ganas van tomando forma de cosas concretas. Las cosas concretas van mostrando que en el mundo y en la vida están de paso, igual que nosotros. Con las manos haciendo se va tejiendo la voluntad necesaria para construir lo duradero dentro nuestro.
No importan los platos sin lavar en la pileta de la cocina, el piso sin barrer, la ropa sin doblar. Todo lo que me consume. Todo lo que no aporta. Todo lo que no nutre.
No digo que vivamos en el desorden. Solo digo que si está importando más que lo otro; si en la balanza pesa más; si produce un ahogo en el pecho y una sequía en el alma, hay algo que no está del todo bien.
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viernes, 10 de octubre de 2014

Otro budín de zanahorias (o manzanas)

Hace dos fines de semana fuimos al cumpleaños de una amiga. Aunque casi que nos volaba el viento, nos las arreglamos para brindar alrededor de una parrilla bien surtida, iluminados por una lampara de pie que los perros cada dos por tres casi tiran al piso, y escuchando la mejor música. Cómo por cuestiones familiares, el festejo había sido un poco improvisado, la torta fue una inspiración de último momento de la hermana de la cumpleañera. Y como todas ya sabemos, esas "sacadas de la galera", terminan resultando siempre las mejores. Al día siguiente taladré a mi amiga con mensajes para exigirle la receta, pero nos desencontramos tanto que al final me cansé y me inventé la mía. Que en realidad no es nada tan complicado, al contrario: pero en lo simple a veces está lo mejor. En el cumple la sirvieron con crema batida, pero yo la adopté para desayunos y cotidiano, asi que acá va.
En un bowl ponemos 3 zanahorias ralladas (la primera vez usé manzanas, pero como ahora no tenía, cambié por zanahorias!!) 2 huevos, 1taza y yapa de azucar mascabo, 1/2 taza de aceite, 1 taza de nueces picadas grueso ( también pueden usar mix de frutos secos: caju, almendras, nueces y avellanas!!) y dos tazas de harina integral con polvo Royal. Al final hay que agregarle un poquito de líquido. Yo le hubiera agregado jugo de naranja en este caso, pero no tenía.
Lo que le cambia toda la historia a esta torta, son las nueces. Cuantas más, mejor! Y las manzanas o zanahorias, porque le aportan humedad. Me parece ideal para darle vía libre a los chicos porque es super sana y puro alimento! Para darle un toque que en casa aman, antes de meter al horno, espolvorear con avena y azúcar mascabo! La foto de la torta lista se las debo porque la tengo en el horno, esperando que la jauría llegue a casa!
Buen fín de semana!









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jueves, 9 de octubre de 2014

Consejo

A las personas negativas de esta vida, si hay algo que no les agrada tener cerca, es la alegría. Si su detector de alegrías percibe una cercana, en cuanto la tiene a su alcance la aplasta como si fuera una cucaracha. A palazos, ponele.
Por eso si tenes la mala suerte de estar cerca de una persona negativa y no podes remediarlo, mi consejo es que no seas alegría. Y si a pesar de todo no podes evitar ser alegría, disfrazate de algo, de caca por ejemplo, de algo que engañe, y ocultalo. Ocultalo mucho mucho. Y asi te salvas. No sé; digo.

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lunes, 6 de octubre de 2014

Cosas que me apenan

Que mi membrillo bebé, que nació solito al pie del otro, y que vengo cuidando y observando hace tiempo, y que, hace dos semanas tenía al menos trescientos cincuenta flores, hoy tenga un solo fruto.
Si me dijeras un manzano o un damasco, bueno, me lo como. Pero con un solo membrillo no haga nada. Nada.
Y no me digan que guarde la semilla porque hoy no estaría manejando muy bien la tolerancia al optimismo ajeno desmedido.
Lástima.





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lunes, 29 de septiembre de 2014

Procesos invisibles

Elijo las lanas.
Pienso los tonos.
Repaso los puntos y los pruebo.
Acomodo los ovillos y me doy cuenta de cómo los mismo colores en distinto orden pueden quedar perfectos u horribles.
Tejo. Destejo.
Deambulo por la casa con un centímetro colgando del cuello y tijeras en el bolsillo de delantal.
El mate acompaña.
Busco trabajar al sol hasta que encandila y me voy a la sombra y al final, adentro.
Vuelvo a empezar.
Mido, anoto, calculo, sumo.
Me equivoco. Me enojo conmigo misma por demás. Me perdono un poco.
LLamo, consulto.
Al final queda tan lindo que me lo quiero quedar.
Vendido.



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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Escabeche de zucchinis improvisado

Hace mucho tiempo, en épocas muy muy lejanas, yo pasé algunas temporadas en el sur. Generalmente terminaba parando en casa de Josephine, en su chacra en El Hoyo. Ella, entre otras cosas, me enseñó a hacer el pan y el dulce de leche, a apreciar el té de menta, a cosechar frambuesas a gran escala y a trenzar ristras de ajos y canastos de mimbre. Yo le regalé un collar antiguo de mi abuela, hecho de contornos de nuez.
Hoy aprovecho las nostalgias que me trajo este mate con yuyos que me estoy tomando y  les comparto una de esas otras cosas, una receta que adoro, no solo por lo rica, si no por bella. Y acá, antes que nada, me atajo y les cuento que los zucchinis que yo tenía no me cumplieron la función estética, porque no fueron elegidos con ese propósito, pero son las únicas fotos que tengo, asi que ponganle onda con la imaginación y me perdonan.
El procedimiento es, basicamente, el mismo que para las berenjenas: cortamos en rodajitas la verdura en cuestión, la hervimos en agua con vinagre y un poco de sal hasta que estén tiernas (unos minutos, no más) y luego las acomodamos en frascos previamente esterilizados, alternando con ajo, pimienta y especias a gusto, mientras vamos completando los espacios libres con aceite de buena calidad hasta cubrir.
La diferencia está en las cascaras del zucchini, que tienen esas rayitas y distintos tonos de verdes. Si se acomodan estrategicamente mirando hacia afuera del frasco, se logra un efecto que a mi me recuerda, no sé por que, campos y montañas del norte argentino (donde nunca estuve, pero bue)!
Si los zucchinis son de verdulería o desconocemos su origen, y al igual que cualquier otra verdura o fruta, se pueden remojar, previamente, unos veinte minutos en agua con bicarbonato para limpiarlos de venenos o toxicidades que puedan contener.
Como esta vuelta fue todo improvisado, usé lo que tenía en casa: tomillo, orégano, perejil, ciboulette y ramitas de romero de la huerta. Cebolla en lugar de ajo, y granos de pimienta. Mis zucchinis eran muy claritos, casi sin rayitas y todos del mismo color, así que no quedó tan lindo, pero el primer frasco ya voló en familia y con amigos, sobre tostadas, pan casero, galletas de arroz y ensaladas varias! Si lo hacen, las invito a hacer ronda de fotos a ver como salió!






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jueves, 18 de septiembre de 2014

El ejercicio de ver

Instagram llegó a mi vida de la mano de la buena onda de Clara, que me abrió una cuenta en su celular y me lo presta cuando la tengo cerca, para sacar alguna foto y para ver las de los demás.
Para las que no tienen IG, ésto significa cerrar sesión de su cuenta, abrir la mía, volver a salir, y así y así. Que cuando es tu teléfono es un plomo. La verdad, si soy re honesta, no sé si yo compartiría tan generosamente algo así, tan personal como el celular, con alguien. Claro que la otra cara de la moneda es cuando se enoja porque la retamos o porque está de mal humor y aprovecha la herramienta perfecta para vengarse no prestandomelo. Pero como por ahora sigo siendo más viva y tengo más paciencia, en esos momentos me cuido muy bien de pedírselo. Una vez hasta amenazó con cerrarme la cuenta, pero por suerte entró en razón. Igual si desaparezco, ya saben la probable causa!
Cuando empecé a mostrar mis fotos IG, alguien me comentó que era ideal para mi, que mis fotos siempre habían sido medio IG, pero con cámara. Y la verdad es que si, yo amo IG. Al margen de lo básico, que es sacar una foto de algo que te gustó, que captó tu atención, que destacó en medio del cotidiano y te inspiró a compartirlo y mostrarlo, me parece que es una red social mucho más amena que otras. De hecho a FB ya casi no le doy uso, salvo para comunicarme con mis hijas o con alguien (odio los mails y los evito cuanto puedo) o compartir algo en particular y listo. En IG compartimos recetas de cocina o de tejido, nos deseamos buenos días, nos avisamos cosas, jugamos a los colores, etc.
El tema es que con la emoción de lo nuevo, pasaron los meses y me di cuenta de que mis albums en Picassa de las fotos sacadas con la cámara, estaban prácticamente vacíos. Yo los ordeno por mes, y si, por ejemplo, agosto 2013 tuvo 345 fotos, agosto 2014 tiene solo 26. No es que sea el fin del mundo, ni mucho menos. De hecho, las fotos están en otro album. Pero, aunque mi cámara no sea buena, siempre es mejor que el celular. La cámara implica el ejercicio de ver, de observar, de cambiar algo, jugar a enfocar y desenfocar con el macro, con la luz, y lograr algo más. Sería como el slow food de la fotografía digital. El celular te permite velocidad, minimizar la interrupción de lo que estás haciendo, decir algo a través de una imagen casi como hablando: tres clicks y salió.
Me propuse retomar las fotos con la cámara, entonces, no tanto por el resultado, si no por el proceso en sí.. Bueno, si, justo ahora que tengo menos tiempo que nunca.
Parece contradictorio, pero no.
Es como detenerse y respirar.












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