No traigo un Yo de repuesto ni Recetas Salvavidas /Solo un Crónico lanzarme al Vacío

sábado, 31 de octubre de 2015

Bombones de bagazo de semillas y de paso, manteca de maní.

Estaba muy convencida de que esta receta la tenía publicada, pero a raiz de una foto que subí a Instagram y los comentarios que me dejaron, me puse a chequear y resultó que no.
Raro que se me haya pasado, porque estos bomboncitos están llenos de virtudes: son ricos, super fáciles de hacer, y super super sanos y sobre todo alimentadores! Y algo tan lleno de virtudes merece ser compartido de inmediato.
Para enmendar mi descuido les voy a dar dos recetas en lugar de una.
Empezamos por los bombones. Para hacerlos es preciso haber hecho leche de semillas previamente. Puede ser de cualquier semilla supongo, aunque las que yo hago son o de almendras cuando puedo comprarlas o la versión económica de coco y nuez, o la versión me dio fiaca pelar y picar las nueces, de coco y girasol.
El bagazo es lo que queda al colar la leche. Podríamos llamarlo el desperdicio, si estuviéramos hablando de otra cosa, pero en este caso no hay nada más alejado de la realidad.
Para hacer la leche (receta) uso siempre cien gramos de semillas, por lo tanto al partir del bagazo del colado, no necesito medir ni pesar nada.
Para las que son medio TOC como yo y precisan medidas exactas, les aviso: esta receta no las tiene. Se trata de ir metiendo a ojo y de a poco en la procesadora, e ir probando y ajustando hasta que nos guste.
Ponemos, entonces, en la procesadora, el bagazo, un puñado de dátiles o pasas, cacao, pizca de canela,  azúcar mascabo o integral y un hilito de aceite, si es orgánico ciento cincuenta mil millones de veces mejor! Procesamos, probamos, y si nos gusta, hacemos los bomboncitos. Listo. Se pueden pasar por coco rallado, o sésamo, o nuez molida o lo que sea, o dejarlos así, que es lo que hago yo.
La receta número dos es simple. Tan simple que nunca se me había ocurrido y solía sufrir cada vez que pagaba un frasco de manteca de maní y lo cuidaba como si fuera oro en polvo. Porque la manteca de maní que yo compraba era la buena. La que es solo maní triturado. Hay otras que traen agregado de azúcar, aceite y aceite vegetal hidrogenado, que es un re veneno. Hasta que un día la amiga Renata que es más avivada que yo, compartió la receta y nos cambió la vida para siempre. Y digo receta por decirle de algún modo al simple hecho de procesar el maní echando un hilo (más bien diría tanza) de aceite hasta que tome la consistencia deseada. Se guarda en un frasco y dura varios días fuera de la heladera.
Porque asocié estas dos recetas? Porque un día había hecho la pasta de maní y estaba por hacer bombones y se me ocurrió probar de no lavar la procesadora en medio de las dos recetas e incluso dejar un poco de pasta de maní, más o menos una cucharada, a ver como quedaban. Y quedaron impresionantes!
Espero que los hagan, y sobre todo que les gusten. Yo sé que a veces adaptarse a nuevos sabores no es fácil, pero para mi la comida viva o integral es un viaje de ida sin retorno, sobre todo desde que dejé el trigo, y les juro que apenas el cuerpo y el paladar se acostumbran y se empiezan a desintoxicar, alguna magia pasa y no pensás nunca más en una medialuna.

 {Manteca de maní}

 {Bagazo en la procesadora}

 {Bagazo y los demás ingredientes}

{Bombones listos}

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viernes, 16 de octubre de 2015

La manta honesta

Hace más o menos tres cuatro meses, él  discutió con su mejor amigo y no volvieron a hablarse más.
Fue casi por la misma época, en realidad un poco después, en que supimos que él y su mujer estaban, por fin, esperando su tan buscado primer hijo, y habíamos brindado el festejo con vino y limonadas en el último asado de mediados de otoño, un día de frío inesperado que ameritó improvisar ponchos y bufandas de emergencia para poder seguir con el plan de comer al aire libre.
Cuando se enojaron, decidí respetar su espacio y sus tiempos para resolver sus cosas, y esto implicó dejar de participar del cotidiano de esa panza que fue creciendo. Me perdí ecografías, antojos, listas de nombres, charlas de madres y todo lo demás.
No fue fácil; para nada. Hay seres que son parte de uno, que son familia, de esa que uno se va armando al transitar por la vida, sobre todo los que vivimos lejos de nuestros lugares de origen, y junto a ellos compartimos alegrías, tristezas, risas, problemas, en fin, el combo entero.
Hace poquito me enteré de que esperan un varón y me alegré doblemente porque los colores de la mantita que les había empezado a tejer, eran más que adecuados.
Como cada vez que estoy tejiendo algo, siempre presto atención a lo que me rodea, a mi entorno, a los sentimientos y mi humor de ese momento. Mientras tejía esta manta en particular, además de llenarla de tardes junto a la estufa, y otras bajo el damasco con los primeros solcitos de algo que pretendía ser primavera, pensé sin parar en la amistad, en los vínculos que uno va generando y en como cuidarlos. En como a veces dejar de ver a alguien duele y se extraña, y en cambio otras, sucede con  tanta facilidad y sin que cueste, que te hace ver que esa relación no aportaba nada. Ni a uno, ni al otro, ni al mundo. Y dejarla ir era correcto.
Para hacer esta manta de bebé, me salí de lo tradicional, y pensé en los papas, más que en el hijo. La visualicé, no tanto en una cuna, celeste y con tonos pastel, si no en un futuro, como pie de cama en su cuarto; o en el pasto y  con los juguetes en esa etapa en la que aguantan veinte minutos entretnidos y nos podemos sentar a tomar un mate junto a él al sol; o envolviéndolo y acunándolo en esas noches de poco sueño que demasiado lento se convierten en madrugadas insomnes.
Al tejer esta manta imaginé, más que una mantita de bebé, un vinculo entre una madre y su primer hijo; un reconocimiento de la maternidad en una mujer; un aprendizaje de esas cosas que sabemos por naturaleza muy profundo, pero que debemos ir descubriendo junto a nuestros hijos, día a día, noche anoche, toda la vida.
Y al tejerla, también pensé en el momento de ser entregada.
Para hacerlo iba a ser inevitable algún tipo de contacto. Pensé en él, que me había visto tejerla sin decir nada, sabiendo para quien era y aceptando en silencio. Pensé que tal vez no estaba escuchando lo que él, claro, no decía,  y pasaba por encima de sus sentimientos. Pensé en como me sentiría yo en su lugar.
Decidí esperar, un poco más.
Aunque esta entrada está escrita y en espera de las fotos hace un par de semanas, las magias tienen sus tiempos propios.
Recién me llamó él para contarme que hablaron. Que ya está. Que resolvieron. Estaba contento. Feliz. En paz.
Mañana nos vemos. Los cuatro.
La mantita está lista.
Nosotros también.



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sábado, 10 de octubre de 2015

Dos ferias, la previa.

La razón por la cual anduve media desaparecida estos días es que estuve dedicada a tiempo completo a prepararme para dos ferias en las que participo este fin de semana. Una es la tradicional Feria del Baúl que se viene haciendo en La Cumbre hace varios años. La otra es la Feria de San Esteban, que se hace todos los segundos domingos del mes, y que mañana cumple un año.
En las dos comparto puesto con amigas, y menos mal, porque hace cinco días me di cuenta de que gracias a alguna desinformación entre no sé quienes, las dos se hacen el mismo día!!! Una verdadera lástima, sobre todo siendo fin de semana largo con tres días posibles para ponerse de acuerdo. En fin, que a mis amigas les agradezco un montón porque entre las tres nos pusimos a hacer malabarismos mentales y a acomodar mi lío como un especie de tetris espacio temporal. Al final paso la mañana en la del baúl, que es tempranito, mientras mi amiga la de la otra feria arma en San Esteban, y al mediodía la reemplazo yo hasta la tardecita. Dicho así suena facilísimo, pero no saben el kilombete de traslados, atriles, tablones, caballetes, cajas, etc que implica. Además de que el auto no arranca así que solo lo puedo estacionar en bajada y si no hay una cerca, se imaginan, bla bla bla. A pesar de todo estoy super entusiasmada porque siempre me divierte participar en ferias, y todas las veces que lo hice me fue muy bien en mil sentidos.
Para la del baúl estuve marikondeando duro, en casa y en la de mama, pero tristemente descubrí que como lo venía haciendo hace rato, ya no quedaba tanto. Mi fuerte van a ser cinco cajas de libros en inglés, viejos pero no tanto, que pienso liquidar en cinco pesos cada uno. Y que se vayan para nunca más volver por favor.
Para la otra estuve tejiendo sin parar en hilo, porque primavera, vieron? Tejí cubre botellas con el tutorial de Loli, posavasos, agarraderas, guirnaldas de mini corazones y bolsas de red para tener siempre en la cartera y que las compras no te agarren desprevenida. Claro que si hubiera tenido la bola de cristal, hubiera tejido gorros en pura lana de oveja sin parar; porque al final los Stark siempre tienen razón.
Anoche cuando ya bizqueaba de poca luz para seguir tejiendo me puse a armar sobres con papel de revista, tarea para la cual no soy demasiado apta, y de la cual Clara me tuvo que rescatar, porque obvio a ella le sale perfecto.
Debido a inestabilidades climáticas, hasta mañana a primera hora no sabemos si se suspenden o no, pero mientras tanto asumimos que se hacen y seguimos preparando todos los detalles.
Por suerte el lunes no hay cole y pienso descansar todo el día.
Mientras tanto en las sierras sigue nevando, sin prisa pero sin pausa. Porque ante todo, primavera.







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viernes, 2 de octubre de 2015

Un estudio, un tejido.

Cuando finalmente pudimos hacerle la resonancia a Clara, sentimos tal sensación de logro, que por unos días llegamos a tener una falsa ilusión de que todo estaba ya solucionado. Hacerla nos costó trámites infinitos y burocracias inimaginables, que incluyeron que una asistente social viniera a evaluar mi casa. No tengo palabras para ésto último. Lo entiendo. Porque al fin y al cabo yo estaba pretendiendo que el estado le pagara a mi hija un estudio de seis mil pesos. Pero, y a pesar de que la señora fue de lo más amable, profesional y comprensiva, fue un momento que me incomodó demasiado. Una situación que me enfrentó de lleno con la incapacidad que tengo de haber hecho una vida en la cual pudiera pagarle OSDE todos los meses a mi familia. O sea, con mi incapacidad de cuidarlos como se debe. Y digo OSDE porque creo que ninguna otra prepaga cubriría la cirugía que se nos viene.
A Cordoba nos llevó mi cuñada, porque tampoco tengo un vehículo que se aguante hacer cien kilómetros sin romperse. Clara iba super contenta porque después del estudio se iba a quedar en lo de su hermana a pasar el fin de semana y porque antes de eso le prometimos Burger King, que creo es una de las cosas que más feliz la ponen en la vida.
Yo me llevé el tejido, obvio. En realidad lo que me llevé fue lana, agujas, mi cuaderno y una birome, porque estaba trabajando en un nuevo patrón para una manta sillonera y tenía que adaptarlo a un tamaño determinado y tenía que hacer mil millones de cuentas, regla de tres, simetrías, y demás cálculos que detesto pero que cuando los logro me siento como si hubiera escalado el Everest en bicicleta.
Para cuando nos hicieron pasar yo pensaba que ya tenía bien hechas las cuentas. El médico me dijo que si  no tenía reloj ni celulares podía acompañarla. Pero tengo las agujas, le dije. No importa, podes tejer.
Así que me senté arriba de banquito, en un rincón, con terror de hacer algo que arruinara el estudio, ahí al ladito del resonador donde la columna de mi hija estaba siendo fotografiada mil millones de veces por segundo, y donde ella permaneció inmóvil durante más de cuarenta minutos.
En la mitad  de ese tiempo, tejí todas las primeras hileras del borde en santa clara, y marqué el patrón para arrancar con las guardas. Cuando terminó la resonancia ya me había dado cuenta de que mis cálculos estaban mal y tenía toda la lana ovillada de nuevo. No sé que habrá pensado el médico. Tampoco es que me importe demasiado.
Creo que resonancias y tejidos no son una buena combinación, después de todo.
La mantita la empecé recién al día siguiente y terminó siendo una de las más lindas que hice.
Los resultados de la resonancia, en cd porque ante todo somos muy modernos, no fueron vistos por nadie, porque en los hospitales los médicos no tienen computadora. De todos modos lo que importaba era la palabrita mágica idiopática que estaba escrita en el informe, y que quiere decir que se desconoce el origen de la escoliosis, lo cual es lo más común y es bueno, porque quiere decir que no hay otras complicaciones.

 [Amo tanto este color]

 [Trabajando desde tempranito, con mi agua con limón]

 [La mantita fue con borlas, a pedido de mi clienta]

 [También hice almohadones y aunque me los hubiera quedado, los vendí todos!]
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